Querido
T.
Antes
que nada perdona por no haberte contestado antes al mail, se que dije que lo
haría nada más me llegara, pero es que últimamente mi vida ha dado muchas
vueltas y el tiempo ha pasado tan rápido que cuando me vine a dar cuenta ya se
habían terminado las navidades y otro año se me iba.
Déjame
que te cuente las novedades más recientes. Hace cosa de un mes estaba hablando
con G. de las típicas cosas de las que solemos hablar, del tiempo, de los
chicos, de cuales serían nuestros planes para el próximo fin de semana, todo
era normal hasta que una pequeña e insignificante palabra hizo que algo en mi
se estremeciera. ‘’Cambio’’ dijeron sus
diminutos labios.
-Tengo que
reconocer que el cambio de trabajo mereció la pena querida.
En
aquel momento mis pensamientos se fueron a kilómetros de distancia de aquel
minúsculo bar situado en una callejuela de Madrid. No obstante seguía
escuchando hablar a G. de lo entusiasmada que estaba con su nuevo puesto de
trabajo de asesora fiscal.
Tengo
que decirte querido amigo que en aquel instante me sentí muy diferente, y miles
de cuestiones invadieron mi cabeza. ¿Qué estaba haciendo realmente ahí? Y no me
malinterpretes, no me refiero ‘’ahí’’ , de en aquel bar, con G. tomado un café. Me
refiero a algo más profundo, te estoy hablando de una sensación muy extraña que
nunca antes había experimentado.
El
lugar entero se paralizó y en ese preciso segundo me di cuenta que algo en mi
no marchaba bien.
Después
de aquella tarde de cotilleos, sensaciones extrañas y uno que otro cigarro, G.
y yo nos despedimos como un abrazo, como solíamos hacer y cada una se dirigió
hacia su respectiva casa. Por el camino seguía teniendo ese sabor agridulce en
mi boca, y pensaba ¿joder, qué pasa
contigo?.
Había
algo que no funcionaba, y no sabía que era.
Sé
que lo que te estoy contando no tiene mucho sentido, pero para mi es importante
y es por eso que decidí contártelo a ti uno de los primeros.
Bueno,
por donde iba, ah sí… Volvía a casa y todavía no sabía lo que me pasaba. Estuve
así varias semanas, sin comer, apenas dormía y una gran impotencia se apoderaba
de mí en las noches oscuras. Realmente lo pasé mal, pues no existía ninguna
pastilla ni remedio natural que curara una enfermedad así.
Ya
no sabía que hacer.
Hasta
que un día me desperté y esa condenada palabra cobró sentido. Cambio, aún recuerdo exactamente como
las había pronunciado y el olor a café recién hecho que sentí aquel lunes en el
bar. De repente, lo entendí. ¿Es que necesitaba algún tipo de cambio en mi
vida? Me paré a pensar un minuto, y lo que vino a mi fue una enorme tristeza
porque durante la mayor parte de los años de mi vida llevo haciendo los mismo
día tras otro:
Levantarse, desayunar, prepararse, ir a
trabajar, volver a casa, comer, gimnasio…
Y
así día si y día también. Y aunque me costo reconocerlo, créeme, no fue nada
fácil, me había dado cuenta que me había atrapado una de las más temibles y
voraces bestias: la rutina. Así es, estaba totalmente consumida por un monstruo
que se regodeaba de mi desdicha. Me había convertido una de esas personas que
se quejan por todo, del buen tiempo, del mal tiempo, de la vecina de arriba que
deja todo el patio oliendo a fritanga. Ahora era un zombi más de esta nueva
era, hacía las cosas por obligación y no por el placer que llevaba hacerlas, me
podía quedar un día entero en casa sin hacer nada y quedarme tan pancha.
Pero
ahora querido amigo, he de decir que ya no soy la misma que antes. Y aunque ha
sido difícil, lo reconozco, he decidido tomar una decisión y alejarme de aquí.
Necesito un tiempo para mí, para encontrarme a mi misma. Conocer nuevos sitios,
nuevos olores, nuevas emociones. Quiero volver a vivir esa sensación que
aparece cuando visitas por primera vez un lugar, cuando lo ves todo maravilloso
y estas atenta a cada calle, a cada persona, a cada tienda que ves por miedo a
que se te pueda escapar algún detalle importante y después no recordarlo cuando
llegues a casa. Tengo que volver aprender lo que valen los amigos, la familia y
sobre todo lo que vale el tiempo. Tengo
que volver a creer en mí misma, en que soy capaz de hacer lo que me proponga. Y
aunque me duela y muy a mi pesar, todas estas cosas no las puedo descubrir aquí.
Te
escribiré tan pronto como pueda.