Me miré en le espejo y allí estaba ella, mirándome.
Tranquila, como si nada pasase.
A esa chica, no la conocía, no obstante, tenía algo que me resultaba familiar, pero no lograba descubrir que era.
Sus ojos, infinitos, me perturbaban, no era capaz de dejarle la mirada fija, me inquietaba. Pero sabía que no debía irme de allí, no quería.
Me había perdido entre tanto ruido. Resultó que paré por un segundo y pude encontrar la paz.
Hice las paces conmigo.
Ya no camino sola.

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