Un día cualquiera de esos que no entiendes, de esos a los que darías scape e intentarías olvidar. Borrar. De esos en los que te planteas tu existencia y la hasta la del vecino. Pero lo más injusto de todo es que no hay motivos. Son simples obsesiones y paranoias internas las que no me permitían disfrutar de la belleza de lo cotidiano.
Teniendo todos estos pensamientos en la cabeza durante el trabajo, y deseando irme cuanto antes para meterme de lleno en la cama y no volver a salir hasta no se sabe cuando, llega un cliente cualquiera y me pregunta de una manera muy sincera: ¿Cómo estás hoy? ¿Cómo te sientes?. Dos minutos y dos palabras bastan para hacer feliz a una persona. Lo miré y vi en sus ojos su alma, su sinceridad, su armonía. Cuanta energía pudo transmitirme en tan solo unos minutos de conversación, alguien se siente en completo equilibrio con el universo. Quizás solo lo necesitaba y esas palabras que me dijo, me hicieron temblar por dentro. Plantearme lo absurdo de mi tristeza. Joder, lo tienes todo. Amigos, eres inteligente además de guapa, eres fuerte, valiente, siempre te levantas tras un golpe. Has llegado hasta donde querías y vas hacia donde quieres. ¿Acaso no son motivos suficientes como para sentirse bien? ¿Como para sonreír cada mañana?. Así es como me di cuenta de lo simple que son las cosas.
Ahí dije, yo quiero ser una persona así, quiero ser como él.
Quizás él no lo sabe, pero lo recordaré para siempre.
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